Ya no soy yo , soy un espejo del futuro que se mezcla con el pasado que pisa mis talones.
El presente diría que es algo así como el sabor de esa salsa que preparo para esperarte , algo así como esa música que suena de fondo mientras me sirvo mi copa de vino.
No hay grandes planes , ni reservas de vuelo para las vacaciones , y aun así soy ese presente que tira a la basura cuentas pendientes.
Mi paz en este presente ya no es negociable , porque ya no soy yo ...
Lo único que me persigue es mi alarma , la que me recuerda que aquello que anhelaba aun puede suceder .... y claro que cuando regresa , la postergo como demostrándole que no la tomo en cuenta.
Mi mapa ahora es el dibujo de la sorpresa , los caminos en él son tan ocultos que me dejo sorprender... porque ya no soy yo .
Mi Blog personal donde si te sentis un poco identificado ,entonces también es un poco tuyo ! Maria Jose Alfaro
viernes, 1 de diciembre de 2017
lunes, 21 de agosto de 2017
Nuestras Puertas
Hoy un amigo , quien hace un buen tiempo atrás sufrio una herida en el corazón inmensa , me cuenta que aquello que tanto dolio hoy vuelve a su vida . Y lejos de poder entender ese camino me pongo a pensar en lo increible que puede ser para alguien , intentar abrir esa puerta que hace tanto le cerraron.
Si la puerta no abre, sencillamente, es que no es la puerta ni aún menos nuestro camino. Sin embargo, en ocasiones, invertimos demasiado tiempo y esfuerzos buscando unas llaves para las cuales, ni siquiera hay puertas. Porque hay destinos imposibles, personas que no encajan en nuestras cerraduras y caminos por los que es mejor no transitar.
Porque sencillamente esos caminos que ayer formaban parte de nosotros hoy ya ni siquiera los reconocemos.
Ninguno de nosotros acertamos nuestros destinos personales a la primera, cabe decir que tampoco es malo perderse de vez en cuando. Abrir puertas que luego cerramos de nuevo para adquirir experiencia, para saber quien sí y quien no, es algo que merece la pena llevar a cabo sin miedo pero con con equilibrio y una adecuada actitud.
Cuando una puerta que nos dio felicidad se cierra, a menudo suele decirse que se abre otra. Pero no siempre podemos verla, porque nos pasamos gran parte del tiempo lamentando la que ya no puede abrirse, esa para la cual, ya no tenemos llave…
Y cuesta entender el motivo por el cual esa puerta se cerro asi sin más , no podemos ver mas allá de lo que sentimos y es ahi donde todo cuesta entender.
Cuando una puerta se cierra solemos quedarnos bastante tiempo lamentado “ese portazo”. Nadie reacciona tan rápido como para poder ver esa otra salida donde se supone se halla la mejor elección, el mejor camino.
Tal vez, en algún momento de nuestro ciclo vital, no tomáramos la mejor elección o puede incluso, que sí lo fuera durante un periodo de tiempo. El suficiente para hacernos creer que ese, iba a ser nuestro destino definitivo. Sin embargo no lo fue, y tras el portazo quedó el vacío y el rumor de nuestras tristezas
Ahora que ya sabemos que no siempre se nos abre de forma inmediata esa supuesta “puerta de emergencia” con la cual, ofrecernos una nueva salida hacia la “felicidad verdadera“
La vida, en realidad, es todo un laberinto de puertas por las que transitar, cruzar, disfrutar, aprender y sin duda… También saber cerrar
Ningún sendero elegido a lo largo de tu viaje experiencial ha sido en vano.
Lejos de arrepentirnos por haber cruzado una puerta
es necesario asumir lo vivido como un buen aprendizaje. Porque toda cicatriz enseña, y todo camino errado supone una invitación a “empezar de nuevo”.
Cuando algo termina, la felicidad no se “reinicia” por sí sola. Es necesario pasar por un tiempo en el cual, reconstruirnos, necesitamos conectar con nosotros de nuevo y cerrar adecuadamente esa puerta, esa etapa.
Llegará un instante en que nos sintamos preparados. Lejos de mirar atrás, sentimos de nuevo la invitación de mirar al frente, de volver a ilusionarnos y de caminar ahora con mayor seguridad, con mayor sabiduría.
No existe un camino “ideal”, que ninguna puerta tiene la llave de la felicidad permanente o de la solución a todos nuestros problemas. Es el propio viaje es quien nos da las respuestas, y las alegrías, vienen y van. Lo único que necesitamos es ser más receptivos, y ante todo, valientes para cruzar todos esos umbrales maravillosos que nos faltan por descubrir…
Muchas veces, las personas huyen sin más explicación, dejándonos desolados por una ausencia cruel e inesperada que le da un vuelco a nuestra vida.
Cuando esto ocurre, no nos podemos imaginar nada peor, más rastrero y más egoísta que la ofensa que acaban de realizarnos. Entonces, después de contener nuestro enfado y nuestra rabia, empezamos a pensar que no nos lo merecemos y que es injusto.
Al mismo tiempo una nube cargada de tristeza y de reproche se cierne sobre nosotros, generando una oscuridad con la que intuimos que tendremos que convivir una buena temporada.
Cuando alguien se marcha sin más, hay algo dentro de uno mismo que se rompe. Es probable que no acertemos a saber qué es lo que se ha quebrado pero, sin embargo, nos duele muchísimo.
El que nada no se ahoga, y si alguien se ha ahogado es porque no quiso nadar, porque no estaba a nuestra altura o porque su grado de madurez emocional le impedía ver que hay millones de maneras mejores de decir adiós o de arreglar las cosas. En definitiva, huir vilmente no es la solución valiente, sino la cobarde, la amarga, la desagradecida.
Darle alas a nuestro sufrimiento será la única forma de no hacer de nuestro cuerpo la tumba de nuestra alma.
Porque detrás de nuestro coraje, nuestra rabia y nuestra ira ante la huída de alguien sin escrúpulos, se esconde una gran tristeza, una infinita humillación y la más dolorosa decepción. Por eso, liberarnos de estos sentimientos supondrá para nosotros dejar de caminar por el borde de un volcán en activo.
Porque aquella puerta que cerro quien decidió marcharse , es la puerta que no debo intentar abrir . Esa puerta te tiene que hacer mas fuerte , y ver esa cicatriz que te enseñara el nuevo camino.
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